Categoría: Cafés

藝術盒仔 Art Box Café

En el 153 de Zhishan Road (至善路153號), casi al pie del Museo de la Ciudad Prohibida, se encuentra el Art Box Café 藝術盒仔, una de las cafeterías con más solera de todo Taipei.

Su dueña, ya por 20 largos años, es Su Fei. Una especie de mezcla entre un fantasma chino y Greta Garbo. Y no anda desencaminada la comparación, pues su café está decorado con fotografías de estrellas del Hollywood clásico. Además, en lo alto de la colina que se divisa desde la carretera se alza un templo confucionista, blanco, en el que se divisan fantasmas continuamente y ocurren “fenómenos extraordinarios” durante la hora bruja.

Su Fei es una de esas personas que no sabes si ha ido construyendo su propio personaje a lo largo de los años y ya no puede deshacerse de él, o que sencillamente, sus bromas, sus gestos, sus gritos y sus aspavientos, su risa casi endemoniada, es algo tan natural como las arrugas que ya empiezan a asomar a sus ojos. En realidad, adivinar esta cuestión es cosa baladí, pues lo importante de este café es precisamente la personalidad de su dueña.

El cliente primerizo mirará la carta, donde sólo encontrará diferentes variedades de café, algunas cervezas suaves y galletas. Pero dará igual lo que pida, pues Su Fei, invariablemente le servirá lo que a ella le de la gana. Si pide un café Viena, ella le servirá un irlandés o un capuchino. Me gusta este aspecto de la personalidad de Su Fei que me recuerda a aquella maravillosa sentencia de Federico II de Prusia y que hace pedazos la ideología de la Ilustración: “Que mis vasallos digan lo que quieren, que yo haré lo que me dé la gana.”

El cliente no debe preocuparse por recibir otro café diferente al que había pedido. Su Fei lleva 20 años sirviendo café y sabe lo que hace. Lo hace maravillosamente bien. Cafés aromáticos, con el punto justo de espuma, ni demasiado fuerte ni demasiado liviano. Te permite diferenciar el tueste tanto como aquellos cortesanos del rey Luis XV de Francia que por la textura de la pata faisán que se estaban comiendo te podían decir si era o no la pata sobre la que el pajarucho dormía.

El Art Box Café no es demasiado grande pero dispone de tres pisos. El tercer piso se lo reserva Su Fei para su vivienda. El segundo tiene algunas mesas. La que descansa sobre la ventana dispone de cómodos sofás desde los que divisar a los fantasmas del templo asustando a jovencitos de los proyectos de la Bruja de Blair. En el primero (en Taiwán la planta baja cuenta como primer piso) está la barra y tres mesas pequeñas. Cuando llegas es posible que Su Fei no se encuentre tras la barra. La mejor opción es llamarla a gritos. Si no baja en buen rato, el cliente hará bien en ponerse el café él mismo, y después que se prepare para las chanzas.

Los que viven en el centro de Taipei encontrarán algo lejana la ubicación del café pero el paseo en autobús o metro merecerá la pena. Si acaban de discutir con su pareja o la maldita lotería no acaba de tocarles, si ha perdido su empleo o su jefe le ha dado la semana, acérquese al Art Box. No sólo beberá un café estupendo sino que podrá olvidar sus penas con uno de esos personajes anónimos tan especiales que mantienen unido tejido social como la argamasa sostiene las piedras de una catedral románica.

Anuncios