Categoría: ESPAÑA

Isabel

Ayer vi los dos primeros capítulos de la serie que Televisión Española ha dedicado a uno de nuestros personajes históricos más importantes: Isabel la Católica. Dejando de lado los aspectos técnicos y formales, asignatura pendiente de las series de televisión en España, los temas que … Continúa leyendo Isabel

Apuntes de un falangista

Ernesto Giménez Caballero tituló su libro de memorias como “Memorias de un dictador” porque, decía él, se las dictó a su mecanógrafa. Escribo este artículo y lo titulo, “Apuntes de un falangista”, pues utilizo las falanges de mis dedos para teclear estos apuntes.

Resulta que hoy, un profesor de universidad, de ideología catalanista, me ha acusado de tener humor falangista y antidemocrático. Al principio he pensado que me insultaba. Luego he pensado que a lo mejor se refería a mis falanges. Finalmente he llegado a la conclusión de que me insultaba. Al parecer, lo que le molestaba de mi humor era que defendía la unidad de España y denunciaba la inmersión lingüística de Cataluña como una estrategia política orientada a la secesión.

Claro, al parecer, defender la unidad de España te convierte automáticamente en un falangista, es decir, en un seguidor de las doctrinas del partido de corte fascista fundado por José Antonio Primo de Rivera a comienzos de la II República. Resulta cuando menos chocante que un profesor de universidad, por otra parte experto en China y con muy buenas publicaciones sobre el asunto, se despache de manera tan grosera. Porque claro, partidos que defienden la unidad de España hay muchos y no todos son de corte fascista o antidemocrático. Podría haberme llamado “azañista” o “upeydero” o “radical-socialista” o incluso “radical-lerrouxista”. Pero no, me ha llamado “falangista”.

También se me han venido a las mentes las falanges utópicas del s.XIX que creaban falansterios, y que fracasaron estrepitosamente en EEUU y en España. Pero no, estaba claro que se refería a la falange de José Antonio. Al parecer soy un defensor del monolingüismo, es decir, que quiero imponer que se hable una sola lengua. No sé si seré capaz de tan hercúlea tarea pero sospecho que no tendré demasiado éxito. Como si eso dependiese de la voluntad de una persona. Además, es mucho suponer que yo desee eso. Sinceramente, a estas alturas de la fiesta, el idioma que se hable en Cataluña ya básicamente me la pela. He estado tres veces en mi vida en Cataluña, y por qué no decirlo, no he sentido que estuviese en mi país, aunque lo que yo sienta es irrelevante, pues también me siento piloto de Fórmula 1 y no lo soy.

El caso es que después de este incidente con el profesor he empezado a pensar que al fin y al cabo vivo en Taiwán, vuelvo a España una vez al año y que si Cataluña se separa de España y se convierte otra vez en la Marca Hispánica de un imperio franco-alemán, mi vida no va a cambiar demasiado y a la lengua española, tan querida, no le va a suponer ninguna pérdida sustancial. Sólo en EEUU ya hay más hablantes de español que en España. Así que como me decía alguien en Twitter, “lo mejor que puedes hacer es independizarte de Cataluña y dejar de fumar, por ese orden.”

Sea pues, utilizo lo mejor de mis falanges para teclear que me independizo formalmente de Cataluña. A partir de ahora mis libros de Josep Pla irán a la estantería de literatura extranjera. Cuando vea un vino del Penedés en la estantería de alguna vinatería de Taipei con la banderita de España, exigiré al dueño que le quite la banderita y ponga una cuatribarrada o una estelada o lo que sea. Cuando amigos orientales me pregunten por lugares recomendados para visitar en España tendré que excluir forzosamente a Barcelona y otros bonitos lugares de Cataluña.

Lo reconozco, me han vencido. Tengo otros problemas que resolver y otros lugares y cosas que disfrutar en esta vida y no estoy dispuesto a llevarme malos ratos que me lo fastidien.

Me uno a Albert Boadella y digo ¡Adiós Cataluña!

Una vida y una muerte de pasodoble

Cada vez que escucho el pasodoble “Amparito Roca” del maestro Jaime Texidor me entran ganas de llorar a lágrima viva. No sólo porque es una pieza musical hermosísima sino porque también está asociada a recuerdos dolorosos de mi infancia. La muerte de mi abuelo materno se produjo en la noche del 7 de agosto, día de las fiestas patronales de mi pueblo. Mientras agonizaba en su cama, rodeado de la familia, en frente de la casa, la orquesta que amenizaba las fiestas tocaba “Amparito Roca”. Mi abuelo murió de un cáncer de pulmón tras cuarenta días de agonía en las que cada inspiración parecía la última. Sus últimas palabras, débiles, acompañando la música, decían que ahora volvería a ver a sus padres. Yo tenía 7 años y he de decir que la muerte me impresionaba menos de lo que me impresiona ahora. Quizás porque a medida que pasan los años uno va asumiendo su mortalidad.

Estos días en los que se acerca el aniversario de su muerte he vuelto a escuchar este pasodoble en el sitio más inesperado. Aquí, en mi apartamento de Taipei, viendo los Juegos Olímpicos junto a mi mujer. Entre prueba y prueba, como si fuese un entremés -que por cierto dio origen al pasodoble-, una banda de rubios y rubicundos británicos toca con más o menos fortuna las notas de “Amparito Roca”. En estas semanas, estoy dedicando mi programa de radio a los juegos y probablemente el viernes que viene dedicaré un par de minutos a esta historia y a este pasodoble. Lo compuso el maestro Jaime Texidor Dalmau, natural de Barcelona, donde comenzó sus estudios musicales. A principios de los años 20 ingresó en el ejército como director de banda de música, en el Regimiento Nº68 de Melilla, realizando sus primeras composiciones. En 1924, acabado su servicio militar, se estableció en Carlet (Valencia), donde dirigió la Banda de Música Primitiva e impartió clases de piano y violín en su domicilio. En 1925 estrenó en el teatro El Siglo de Carlet este pasodoble, cuyo nombre fue escogido en honor a una alumna de don Jaime y amiga de su hija María Teresa llamada Amparo Roca, que fue tía, por cierto,  de ese ministro de Zapatero que se tuneó el currículum, Bernat Soria. Hoy día, la localidad de Carlet acoge una calle “Amparito Roca” en honor del pasodoble de fama mundial.

La vida de Jaime Texidor no sólo está ligada la mía por la coincidencia de que la muerte de mi abuelo se produjese mientras se interpretaba su memorable obra sino que también, tras su paso por Manises, a finales de los años 20 se trasladará a la localidad vizcaína de Baracaldo para dirigir su Banda Municipal. En esta localidad moriría don Jaime en 1957. Veinticuatro años después, en 1981, nacía yo en la misma localidad. Es posible que debido a la estancia tan prolongada de Texidor en el País Vasco, su pasodoble “Amparito Roca” sea uno de los más interpretados en las fiestas patronales de esta región y también de los pueblos de la Cantabria Oriental, sin mencionar su omnipresencia en el levante español, sobre todo en las fiestas de Santa Tecla de Tarragona. Lo cierto es que en la villa guipuzcoana de Cestona (Zestoa en vasco) es parte principal de los festejos taurinos de las fiestas de la Natividad de Nuestra Señora. La banda de música de Cestona sale del ayuntamiento tocando Amparito Roca hacia el coso taurino. Después, durante la lidia, si el torero está realizando una buena faena, el presidente puede ordenar a la banda que interprete Amparito Roca, si no, el público lo corea. Tras los toros, se vuelve a tocar otra vez en las calles del pueblo.

El pasodoble es hoy día considerado por los progres como parte de la España cutre y casposa. Peor para ellos. Que sigan escuchando a Victor Manuel y su himno a Franco. Yo me permito una vez más pedir que este pasodoble o quizás “Suspiros de España” sustituya a la actual marcha granadera como himno nacional, para poder decir con orgullo que nuestro himno es más bonito que la Marsellesa.