Categoría: Baloncesto

Filosofía de Lin

Filosofía de Lin -titula la Agencia Central de Noticias en español (17/02/2012)- sobre baloncesto aplicable a los lugares de trabajo”. Es una sentencia apodíctica, libre de toda duda y elevada a norma universal cuando es puesta en boca de un primer ministro. Es lo que tiene ser estrella del deporte, que tus palabras se convierten en filosofía cual Jesús convertía el agua en vino.

Jeremy Lin, filósofo

Jeremy Lin es un buen chico y dicen que aprendió a jugar a baloncesto con su abuela. De sus dotes de filósofo no se conocían antecedentes, aunque es posible que estudiara a Savater allá en Harvard, como ese jovencito de 20 años que le hacía oposición a Chávez en las calles de Caracas. “Todos somos filósofos” -suele decir Gustavo Bueno-, “unos mejores y otros peores”. Cuánta razón.

Primer Ministro Sean Chen preparándose para hacer un tapón.

El primer ministro de Taiwán, Sean Chen, desde su posición de prestigio califica de filosofía la penetrante visión de Jeremy Lin sobre el baloncesto. Sin llegar a los límites tautológicos de Boskov, el premier sentencia a perpetuidad: “Por ejemplo, la estrategia de Lin de anteponer la cooperación entre todos los miembros de su equipo a las actuaciones individuales era una calidad personal que se podía aplicar en los lugares de trabajo”.

¡Cuán refrescante resulta este axioma en el actual panorama de la filosofía mundana y académica! Es un aviso a Youtube y a las cadenas de televisión de Taiwán, que se han hartado de televisar las hazañas individuales del chiquillo de los Knicks. Desde que el deporte es lo que es, la política ya no es lo que era. Antes, ser primer ministro era mandar a la Legión a sofocar la rebelión de Abd-el-Krim, ahora es organizar los lugares de trabajo como un equipo de fútbol. Ahora entiendo perfectamente que muchos españoles preguntasen en las mesas electorales por las papeletas para votar a Mou. Al fin y al cabo “El trabajar (para el Gobierno) y el jugar baloncesto son similares”, seguía diciendo Sean Chen. Dentro de la cartera ministerial se escondía la pizarra de Scariolo.

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