Categoría: DEPORTES

Real Madrid, año III Mourinho

El gran Jarroson

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El ego trascendental del periodista deportivo

Con la llegada de Mou al Madrid hemos conocido por fin la verdadera naturaleza del periodista deportivo. Dice el profesor Rottenmeir de El Mundo que el periodista está ahí para contar lo que pasa, descripción sin crítica ni desmenuzamiento de los “porqués”. Teoría prescriptiva del periodismo. Sin embargo, si aplicamos una teoría descriptiva, puramente empírica, nos damos cuenta de que el periodismo es todo lo contrario. No es descripcionista ni aséptico. Sobre todo el periodismo deportivo. Es un permanente “hacer” y “deshacer” sin orden ni concierto, donde prima más la doxa que la episteme, por utilizar términos platónicos. Pero sobre todo, el periodismo deportivo es combate por el ego.

Mou llegó y dejó bien clarito que no iba a permitir que los señoritos de la prensa deportiva capitalina le dijesen cómo tenía que entrenar al equipo. Esta decisión inamovible hirió los egos trascendentales de los periodistas, concretamente de éste, de éste y de éste; y algunos otros más que ya no pueden seguir siendo los hacedores del mapa del mundo, porque ha llegado alguien que es un profesional de hacer mapas, un geógrafo con estudios y talento: José Mourinho. La reacción del periodista deportivo ha sido la esperada desde un punto de vista psicológico: la falacia “tu quoque”. Acusación a Mou de “egomaníaco” para intentar ocultar sus propias veleidades demiúrgicas. Aquí, la psicología inversa funciona como un reloj. Dime de lo que me acusas y te diré lo que padeces. Decía hace poco en otro post que se ha dado el caso de críticos de cine que dieron el salto a la dirección con resultados más que decentes (vg. Daniel Monzón) pero no tengo noticia de ningún periodista deportivo que haya dado el paso de ponerse a los mandos de un equipo de fútbol. Sin duda, la columna del periódico es mucho más segura y permite todo tipo de contorsionismos. Lo que en España se conoce como “ver los toros desde la barrera”. Mou torea de verdad, pero los del Señorío del Madrid prefieren a José Tomás, que es el Guardiola del toreo, lee a Yukio Mishima y ha visto la otra vida gracias a sus experiencias místicas con el peyote de Aguascalientes.

El problema de estos chicos es que han querido ir más allá de las atribuciones de su ego y se resisten a perder protagonismo. Entre ellos e Iturralde hay una mínima diferencia instrumental: la pluma y el silbo; pero el finis operantis es el mismo: yo, I, je, io, ich, 我, 私は, 나 etc. Son los luteranos infiltrados en el fútbol, la Sola Escriptura que no acepta una autoridad superior que sabe bastante más de los misterios divinos. Ellos oyen la voz de Dios, que les habla directamente a través de las lecturas de sus propias columnas. Es la mayor promiscuidad periodística posible. Mou ha supuesto para ellos su auténtica refutación ontológica y, qué quieren que les diga, de momento, estos chicos lo llevan fatal.

Las sandalias del pescador

Se fue el Pep. Por una parte, me siento huérfano de adversario. Él representa una forma de ver la vida y el fútbol tal que me siento obligado moralmente a combatirla. Por otra parte, su marcha ha servido para comprobar cómo está el país. Las reacciones han superado todas mis expectativas. Estamos mucho peor de lo que yo creía. Esos obituarios de José Luis Rodríguez Zapatero en el Marca y de Carme Chacón en El Mundo. Algunos entrenadores, preguntados por el asunto responden como Marcelo Bielsa: “una pérdida mayúscula para el fútbol.” Sandoval: “Guardiola ha iluminado un camino en el que todos han creído.” Sólo faltaba Arias Navarro anunciando por televisión, con lágrimas apenas contenidas: “Españoles, Pep se ha ido”.

La lágrima socialdemócrata que sufrimos durante ocho años en el terreno de la política la hemos tenido que aguantar unos meses más en el terreno de lo futbolístico. Las loas al Barcelona de Pep cruzaban el terreno del ditirambo hacia el de la invectiva cuando algún osado se atrevía a criticarlo por su falsa modestia, su impostado seny y su estilo de juego empalagoso, traslación al fútbol del circunloquio sofista. Y es que se ha llegado al extremo de identificar al antiguardiolismo con la mitificada “derecha cavernaria”. Confieso no haber entendido nunca ese sintagma. Aunque haciendo gala de cierto respeto a mis enemigos lo he interpretado siempre como referencia a la Caverna de Platón. Y si es así, me congratulo, pues fue Platón el primero en desnudar las miserias de los sofistas. Esta crítica platónica fue la que ejerció ayer Aitor Karanka cuando les hizo ver que no hubo un año cero ni hay un fin del mundo con la marcha de Pep. Pero España, excepto honrosas excepciones, vive entre las sombras de la caverna y atacó sin piedad al niño que se ríe al paso del rey desnudo.

El país pide la beatificación del Pep. Una auténtica pena que Josep Pla lleve 30 años muerto. Lo que hubiera disfrutado con alguno de sus comentarios irónicos. Pero los españoles cada vez entienden menos la ironía. Son más de adjetivo grueso, de loa facilonga y de gusto enfermizo por la “humildat”. Más que canonizarlo deberían hacerlo Ministro. Nos subiría los impuestos con mucha elegancia y golpearía con látigo de seda a todo aquel que osara poner objeciones. En pocos meses, en vez de protestar en la Puerta del Sol o la Plaza de Cataluña, todos los españoles estarían en un parquecito bailando al corro de la patata y cantando “Ai Quina Colla”. La paz sea contigo, pescador de hombres.

La Leyenda Negra de Jose Mourinho

Se sabe de deportistas que, una vez retirados de lo suyo, hicieron carrera muy meritoria en el periodismo deportivo. Perico Delgado, Juanma López Iturriaga, Julio Salinas, Gary Lineker. De lo que hasta la fecha no tengo noticia es de que algún periodista deportivo haya dado el salto al deporte de competición, por lo menos como entrenador. Leyendo las crónicas de algunos no alcanzo a entender cómo es posible que este salto no se haya dado, teniendo en cuenta la aparente sabiduría que destilan las plumas de estos hijos putativos de San Francisco de Sales, versión pantalón corto.

Es de sobra conocido lo del periodismo español con José Mourinho y este domingo se aportaba una prueba más de que, sin caer en el relativismo, eso de la objetividad, o es un bulo o está mal planteado. El Madrid arrolló a Osasuna en el Reyno de Navarra, por alto, por bajo, en corto, en largo, en estático, a balón parado, a la contra. Un vendaval. El fútbol es algo complicado y una actuación como la de ayer requiere un equipo perfectamente compenetrado y estrellas motivadas. Son muchos factores los que influyen en este particular y no me parece el menos importante, al contrario, la figura del entrenador. Y sin embargo, la realidad que pintan los guardianes del señorío de asador (© Pedro Ampudia) respondía perfectamente a la máxima de Humpty Dumpty. Insistían ayer estos próceres, en que estos chicos del Madrit jugaban de cine a pesar de Mou, incluso contra Mou, que es un tirano, el responsable de la escalada de violencia que se vive en el país, un Fu Manchú de Setúbal. Si fueran de la inquisición de Calvino hace tiempo que lo hubieran asado vivo por marrano.

Darse de bruces contra la realidad parecía, hasta la llegada de Mou a España, patrimonio del zapaterismo fundamentalista, extravagante y divagante. Pero la socialdemocracia niñatista del “póntelo, pónselo” ha sobrevivido en su versión futbolística en la región de Cataluña y amenaza con sofocar el último reducto de libertad agrupado en torno al Gran Portugués en Madrid. Sobre Mou se ha tejido una Leyenda Negra comparable a la que se preparó sobre el Imperio Español. España no tenía ciencia, no tenía técnica, no tenía cultura, y sin embargo dio la vuelta al mundo, conquistó un imperio donde no se ponía el sol y alejó la amenaza islámica de Europa durante cuatro siglos. Lo mismo ocurre con el Madrid de Mou. Rencillas entre los jugadores, tiranías arbitrarias del entrenador, desplantes a la historia del club, voluntad de jugar a la defensiva y la rácana; y sin embargo, el Madrid es lider destacado con 100 goles en 30 partidos, semifinalista de la Champions y haciendo un fútbol tan ofensivo que en ocasiones parece el Séptimo de Caballería cargando contra Cochise en las planicies de Nuevo México.

Pero ni por esas, porque aquellos que han visto amenazada su canonjía se agarran a sus privilegios de pastores de almas como Indiana Jones a su látigo en alguna cueva de la selva amazónica. Les propongo un caso práctico. Comente con su compañero de pupitre las posibles versiones actuales de Erasmo de Rotterdam, el Padre Las Casas, Antonio Pérez, Guillermo de Orange etc… Por ejemplo: Erasmo de Rotterdam= Segurola. Un, dos, tres, responda otra vez.

El “juanma”, Taiwán y la Bundesliga

En Taiwán, el Barça es el “pasaluona” y el Athletic es el “piarpao”. Pero el Madrid es el “juanma”. Como lo oyen: ju-an-ma. Los que no conocen los entresijos de la lengua china podrían pensar que ya que al Madrid lo llaman “juanma”, al Barça podrían llamarlo “joanma” y al Athletic “jonimanol” o algo así. Pero no, todo tiene su explicación. “Juan” no viene sino de “huáng” 皇(rey,realeza, real) y “ma” 馬 de la primera sílaba de Madrid en chino “madeli” 馬德里. Y es así que el Madrid es el “juanma”, nuestro amiguito de toda la vida, el compañero de pupitre que se rascaba la nariz y sacaba suficientes en matemáticas pero sobresalientes en gimnasia, porque en las horas extra escolares jugaba federado en el Reocín, la Cultural de Durango o el Sporting de Kaohsiung.

Mi mujer es del Bayern Leverkusen, porque antes de conocerme era muy germanófila y leía a Goethe, a Thomas Mann y alguna revista de la Bundesliga. Con Kant no pudo. “No conseguía encontrar mi conciencia a priori” -se disculpa-, y eso que es budista zen y aprende las cosas por iluminación, que verla es todo un primor.

Esta noche tocará partido de los de Leverkusen, que desde que se fue Heynckes no levanta cabeza y el “pasaluona” le metió siete goles en la Champions. La Bundesliga es algo así como ver un Racing-Rayo Vallecano todos los domingos, con la diferencia de que el locutor siempre está enfadado. Y yo no se lo echo en cara. ¡Líbreme Dios!

En Taiwán, para ver el fútbol europeo tienes que irte a un pub, normalmente regentado por algún expatriado que, secado su espíritu por su mujer taiwanesa, señoras de armas tomar, se pasa el día bebiendo cerveza, viendo los partidos del Grasshoppers y soñando con esa tirolesa tetona que lo desvirgó en algún arroyo de agua clara de las montañas de Suiza. Decía que tienes que ir a un pub, porque en tu casa, aunque tengas televisión por cable, no puedes cantar bacalao, pues despertarías al vecino, por aquello de la diferencia horaria, y que trabaja duramente todos los días sirviendo fideos de arroz en el restaurante de la esquina.

En el pub están preferentemente los expats. Y estos son en su mayoría ingleses y alemanes, pues los australianos y los gringos están en las discotecas, los franceses, en algún templo pretendiendo ser budistas, y los españoles probablemente, follando en casa, con su mujer. Luego, están los nativos, o más bien las nativas. Éstas se dividen entre la mujer del dueño del pub y sus amigas y luego, las jovencitas amantes de los expats. A éstas últimas, el fútbol les importa un pijo. Lo único que quieren es que su novio alemán les ponga un piso en Tienmu, el barrio donde viven los ricachones que hacen la compra en los supermercados japoneses. De vez en cuando aparece algún taiwanés que estudió en Europa y se hizo fan del Manchester, del Girondins o del Villarreal (pobre diablo).

El español se siente allí un poco raro. No es el bar donde te ponen vino y pintxos y donde todos, aunque de equipos diferentes, compartimos una medición del tiempo común: Liga, Copa y torneos de verano. No. El pub es otra cosa. Aquí las rencillas nacionales marcan. Antes, cuando no pasábamos de cuartos, te miraban con condescendencia. Ahora, te miran con un puntito de rencor y bastante desprecio, como los aristócratas a la nobleza de toga.

Así que lo mejor que puede hacer un español es pasar lo más desapercibido posible. Beber su San Miguel de Manila y cantar los goles por lo bajini, para no ofender a Charlie o a Klaus.

Cosa diferente es encontrarte a un portugués o a un italiano, que entonces sí, haces piña y cantas los goles del Racing, del Brescia o del Guimaraes como si te fuera la vida en ello, mirando a Jurgen y a Steven como diciendo: ¡Anda y que te den, rubito de los cojones!

Esta noche tendré que sufrir la Bundesliga, llena de turcopoles y de votantes de Ángela Merkel. Y cuando meta gol el Bayern sonreiré muy amable y daré un trago a mi San Miguel de Manila para ver si se hace más llevadero este suplicio chino.