Categoría: Tailandia

Aborto y columnismo en Tailandia

Hoy traemos un articulito de Sanitsuda en el Bangkok Post hablando sobre el tema del aborto en Tailandia.

Denuncia la hipocresía de la sociedad tailandesa al desentenderse de las consecuencias de una ley del aborto que considera draconiana, pues las mujeres que lo practican se pueden enfrentar a 3 años de cárcel una multa de 6000 baht (lo cual me parece un minucia). Lo draconiano se intensifica según la columnista por el hecho de que las mujeres, muchas veces bajo la presión de sus maridos y familias, se ven obligadas a abortar en clínicas ilegales cuyas condiciones de salubridad provocan unas 1000 muertes al año (de mujeres, se entiende).

La periodista denuncia que, ante un caso aireado estos días en la prensa thai de una famosa modelo obligada a abortar contra su voluntad por su marido, la sociedad thai no se ha puesto a reflexionar y a debatir sobre el asunto sino que jalea a la policía que quiere meter en la cárcel a la famosa modelo: “Por culpa de prejuicios religioso-morales se quiere profundizar en la hipocresía y hacer la vista gorda ante la cantidad de mujeres que han perdido la vida al tener que acudir a clínicas ilegales ante un embarazado no deseado”.

Estoy de acuerdo con la denuncia de que la responsabilidad penal de la familia y del marido que obliga a una mujer a abortar ha de ser urgentemente revisada. Un hombre que obliga a su mujer o novia a abortar por no querer asumir su responsabilidad merece fuertes sanciones pues contribuye al suicidio social que supone la generalización del aborto, al negar a la sociedad en la que vive sus propias posibilidades de reproducción.

En segundo lugar, la utilización del famoso sintagma “embarazo no deseado” supone aquí la idea de que el feto puede ser comparado a una verruga que le sale a un mujer en su cuerpo y que por tanto puede ser extirpada sin mayores problemas. En esta parte de su crítica está implícito el principio esclavista de “mi cuerpo es mío” y además el estado ha de procurarme condiciones sanitarias mínimas para hacer frente a mi embarazo no deseado, es decir, a mi propia irresponsabilidad.

Aquí la falacia naturalista se fundamenta en que como hay familias poderosas que quieren mantener su reputación religioso-moral hipócritamente se desentienden de aquellas mujeres que no pueden permitirse un aborto en una clínica con garantías. Dada esta situación de hecho, el estado be procurar el servicio público sanitario adecuado, lo cual equivaldría a la legalización de facto del aborto.

El problema está planteado desde una perspectiva proabortista y por tanto, las apelaciones al debate por parte de la periodista ocultan en realidad su verdadero propósito que no es otro que la legalización del aborto.

Desde una perspectiva materialista, que obviamente nada tiene que ver con la religión, el aborto es aun peor que el asesinato pues se está negando a la sociedad en la que se produce el aborto su posibilidad futura de reproducción. El aborto generalizado es un suicidio social a largo plazo. La practica abortiva es propia de épocas y sociedades en las que los métodos anticonceptivos son demasiado primitivos y hay que recurrir al aborto o incluso al infanticidio como método de control de la natalidad. Pero en una época en la que los métodos anticonceptivos son tan eficientes y están al alcance prácticamente de cualquiera con tres duros en el bolsillo tener que recurrir al aborto nos retrotrae a épocas y culturas bárbaras por no decir salvajes.

Solamente por el despilfarro económico y energético que supone un aborto, la mujer que lo decide o la familia que lo instiga debería ser fuertemente multada (no encarcelada). El estado no debe procurar clínicas públicas para el aborto sino profundizar en la educación en métodos anticonceptivos que lo prevengan, siempre dado el caso de que esta sociedad necesita controlar su natalidad, como quizás pueda ser el caso de Tailandia. Sin embargo, en casos como el de España, con una población muy vieja y con un número de nacimientos tan bajo, la política debiera ser francamente natalista, con lo cual el esfuerzo debiera ser puesto la ayuda efectiva a las parejas que tengan hijos con independencia de que estos sean “no deseados”, pues al feto le importa un pimiento que fuera subjetivamente (por sus padres), “no deseado”.

El problema de algunos columnistas es que se crecen por su posición de prestigio. Tengo una columna en un periódico y puedo decir lo que me de la gana dentro de los 3000 caracteres que se me permiten. Hay asuntos que no se pueden despachar en 3000 caracteres y aun menos si no tienen las herramientas adecuadas para tratarlos.

VISITA RELÁMPAGO A TAILANDIA

Llevaba tiempo sin prodigarme por esta mi bitácora. Muchos lío en los últimos 2 meses. Volver a España se me está haciendo duro, pero doy a gracias al cielo de disfrutar de un puesto de trabajo. 

En mi viaje de vuelta a la patria paré un día en Tailandia. A penas tuve tiempo de palpar el ambiente y el país me pareció igual que siempre. Lleno de farangs pasando sus vacaciones y de thais ganándose la vida. No pude apreciar nada extraño ni tensión ni nada de nada. Muchas veces me pregunto si la realidad tiene ya algo que ver con lo que aparece en los periódicos o en las noticias de la tele. Y si comparamos los propios periódicos nos damos cuenta de que describen realidades distintas. Como si fueran periódicos de distintos países.

Tailandia seguía como siempre. No había ido ni a mejor ni a peor, lo cual me puso de buen humor. Sinceramente, no me gustan los cambios políticos. Es señal de que algo terrible se nos viene encima. Y el bello reino de Siam, que no es precisamente el Empodá de Josep Pla, debería cambiar lo mínimo. ¿Soy egoísta? Pues sí. Y mucho. Pero qué se le va a hacer. Quizás me haya hecho conservador, a lo Roger Scruton.

Y cuando vuelva, espero que Tailandia siga siendo Tailandia…

RECONCILIACIONES

En el precepto número 89 de “El sendero de la mano izquierda”, Fernando Sánchez Dragó dice: No seas rencoroso. No admitas la falacia de que vengarse es dulce. El perdón honra a quien lo da y a quien lo recibe. Y continúa: No sólo eso. El corazón del que perdona o de quien es perdonado se llena instantáneamente de gozo. Hay muy pocos atajos que conduzcan con tanta eficacia y rapidez a la felicidad. Ningún intento de reconciliación será verdadero y, a la postre, exitoso si no comienza por el acto de la contrición y el perdón mutuo correspondiente.

El gobierno tailandés pretende llevar a cabo su programa de reconciliación saltándose este punto. Hasta ahora ha encarcelado a la mayoría de los líderes de la UDD y pretende procesarles por delitos de terrorismo. También ha redoblado sus esfuerzos para conseguir la extradición de Thaksin, añadiendo a sus delitos de corrupción, otros de terrorismo y crímenes contra la humanidad. Las intenciones de comprar Thaicom para acallar la única voz crítica con los poderes tradicionales y el gobierno tampoco van a ayudar en ese esfuerzo de reconciliación. La comisión de investigación que intentará esclarecer la verdad de lo sucedido durante esos aciagos días de Mayo cuenta al parecer con el beneplácito del partido Puea Thai pero aún tiene que hacer frente a sospechas de parcialidad de algunos de sus miembros.

Todo esto hace pensar que la pretendida reconciliación o no lleva buen camino o se pretende que no lo lleve. Pero no crean que sólo el gobierno tiene culpa en ello. La intransigencia de muchos camisas rojas hace imposible cualquier acuerdo. La oferta del gobierno antes del temido ataque del ejército fue suficientemente generosa como para haber sido aceptada por todos. Ahora ya es demasiado tarde, las heridas tardarán en cerrar y muchos habrán desterrado de sus corazones la posibilidad del perdón. Esta es ya una generación perdida para Tailandia, y siempre suponiendo que en el futuro las muertes no serán utilizadas políticamente, pues en caso contrario la crisis sería recurrente.

Se pueden poner en marcha miles de medidas políticas y económicas para llevar a cabo la reconciliación nacional pero ninguna tendrá el efecto deseado si no van acompañadas del necesario perdón. Ojalá encuentren pronto la fuerza moral para reconciliarse como Dios manda. Mientras tanto las heridas siguen supurando.

ABHISIT A POR LA TELE

Se dice, se comenta, etc. que el gobierno tailandés quiere comprar Thaicom a Temasek Holdings, la empresa estatal de telecomunicaciones singaporeña que le compró ShinCorp al ínclito Thaksin Shinawatra. “Es un asunto de seguridad nacional” dice el primer ministro con esa vocecita atiplada y esos aires de escuela pública británica que son un primor. Va a salir un poquito cara la operación (10000 millones de bahts pide por ella Singapur, la cárcel de Lee Kwan-Yew), pero todo sea por la sacrosanta seguridad del establishment.

Los satélites de Thaicom ayudaron durante la revuela de la UDD con retransmisiones de noticias y apariciones de Thaksin, es decir, fue el enemigo de las cadenas de noticias estatales o afines al gobierno. A pesar del plan de reconciliación, Abhisit prefiere que se haga a su modo y sin interferencias de otros y para ello nada mejor que hacerse con el instrumento más importante de la “democracia”: la tele.

En sus dos libritos sobre la televisión, Gustavo Bueno hace dos clasificaciones muy importantes: televisión formal-televisión material y basura fabricada-basura revelada. La primera es la que nos muestra las imágenes reales en directo frente a los contenidos previamente elaborados. La segunda, en la misma tónica, diferencia la basura que una televisión crea apropos y la que revela, que es real, que existe ahí fuera. Ni qué decir tiene que la televisión material es muy diferente en una dictadura que en una democracia, y en la democracita agonizante de la sonrisa y la ensalada de papaya huele a durian, es decir, hiede, el intento antidemocrático de la compra por el estado de la única plataforma mediática alternativa a “lo que hay”.

Se puede decir que la televisión ha fabricado de hecho el modelo de democracias homologadas en el que vivimos, por el cual lo que no aparece en la tele no existe. En pocas palabras, si una alternativa política no aparece en la tele simplemente no es tal o no existe. Para Abhisit será infinitamente más fácil llevar a cabo la reconciliación nacional de acuerdo a sus propios patrones si controla todas las alternativas. Internet, la más poderosa arma de disidencia de la historia está también en su punto de mira. Muchas redes sociales, portales de noticias y blogs fueron cuidadosamente “vigilados” y varios contenidos “sensibles” fueron temporalmente bloqueados.

No se asusten, esto no es una desviación de la democracia, es que la democracia es así, o se pensaban ustedes que era perfecta. La democracia homologada, y Tailandia no iba a ser una excepción, no es más que una oligarquía disfrazada, y la tele es el mejor ejemplo. Los periodistas afectos al régimen, con independencia de su afiliación derechista o izquierdista, son los que crean los contenidos y mantienen la “eutaxia” del sistema. La compra de Thaicom es la cuadratura del círculo y la muestra inequívoca de que el establishment tailandés no está dispuesto a reconciliarse con nadie, sigue pretendiendo el mantenimiento de “lo que hay”: corona, ejército, funcionariado, con la colaboración inestimable de esos tontos útiles del Partido Demócrata, que parecen los muñecos de José Luis Moreno. La tele y su basura destructora de almas se convierte así en el instrumento imprescindible de la democracia homologada, o por decirlo con palabras de Antonio García Trevijano: de la pseudo-democracia.

ON THAKSIN’S “CRIMES AGAINST HUMANITY”

Last friday, 11th of June, Charnchao Chaiyanukij, member of a government investigation comittee, said that the extra-judicial killings comitted in 2003 during the war on drugs of Thaksin Shinawatra’s first premiership could be regarded by government as crimes against humanity. Here is another utilisation of a wronged-born concept as a political tool. First, it was the word “terrorism” to be applied to Thaksin for financing the mob that comitted acts of vandalism in the city, now is “crimes against humanity” for systematic extra-judicial killings, that is, assassinations.

My point here do not consist in denying those specific killings to be considered as “crimes against humanity” but to destroy that very same concept for being absurd. Therefore, I assume that this is just a new attempt to force the “international public opinion” and foreign governments to extradite Thaksin, considering that in case of denying their help to thai government they could be branded as protectors of a terrorist and a genocidal monster.

After WWII and the Shoah, the judges at Nuremberg came out with a new concept to deal with the horrors of the Nazi camps: genocide. Not long after this “genocide” became subsumed in a broader figure: crimes against humanity. These are inhuman acts systematically directed against civilian population that by the their level of horror are considered to offend the whole humankind. All kinds of crimes are considered to be among those “crimes against humanity” so that the differences between, let’s say, genocides, deportations or ethnic discriminations become blurred. Using an aristotelian formulae: we are killing the specie by the genus.

Broad definitions (or indefinitions) bring together misconceptions and abuses of language. Like in the case of terrorism, thai government is playing the role of Humpty Dumpty in Alice in Wonderland: “When I use a word it means just what I choose it to mean – neither more nor less.” Extra-judicial killings are crimes against humanity, and acts of vandalism are terrorism.

But even more interesting here is the metaphisical use of the idea of humankind or humanity. Why a massive killing offends me as a human being and not the assassination of a member of my family by a psycho? So Thaksin’s extra-judicial killings are not crimes against thai citizens but against humanity, and the bombs of the separatist in the south are not crimes against Thailand but against humanity. The assassination of a member of my family or a neighbour by a psycho is not a crime against humanity? Where is that humankind that everybody is talking about?

The humanity is divided in different countries, each of them with different laws and customs and often, competing or fighting with each other. Humanity as a historical concept never existed before, the rousseaunian good savage or the marxist primitive community were just wanderer groups of australopithecus and pithecanthropus. Humanity can only be used as a theological concept or as a linnean taxonomy (homo sapiens sapiens).

Moreover, is there a court for crimes against humanity? Who apply it then? According to which legal system? UN? But UN does not represent the entire countries of the planet. What is more, which force is going to use a hypothetical “humankind-worldly” court in order to execute their sentences? Can we seriously talk about crimes against humanity when humanity DOES NOT EXIST?

If Thaksin is found guilty of the extra-judicial killings during the war on drugs he must be punished according to thai law on the proper charges i.e. homicide. He must be extradited on those proper charges as offender of thai law. The use of the word “terrorism” or “crimes against humanity” is just a flimsy tool to show foreign countries who are they dealing with and how righteous is thai government, who by the virtue of their very same viscose ideology can be accused of the same crimes for the massive killing of protesters last month. I was equally offended by those killings as by those during the war on drugs.

If Thailand insists to remain in the platonic cave, in the world of shadows, then reconciliation, political liberty, moral progress and economic welfare are just impossible tasks.