Animalismo, ecologismo, alienigenismo


Comentario a la saga de novelas de ciencia-ficción “La elevación de los pupilos” del escritor norteamericano David Brin.

Portada de la edición ómnibus en inglés de la primera trilogía de la saga de la Elevación de los Pupilos, en Orbit Books.
Portada de la edición ómnibus en inglés de la primera trilogía de la saga de la Elevación de los Pupilos, en Orbit Books.

David Brin es un científico estadounidense más conocido por sus novelas de ciencia-ficción, sobre todo por aquellas insertas  en el mundo de “Uplift” (“Elevación de los pupilos” según la traducción española), en el que la Humanidad ha entrado en contacto con una civilización galáctica de varios eones de historia, compuesta por diferentes razas alienígenas que se deben vasallaje unas a otras, en razón de que las dominantes, “tutores”, ayudaron a “elevar” artificialmente al estado de sapiencia a las razas vasallas, “pupilos”. En este mundo, los humanos no encajan, ya que no tienen tutor conocido y a su vez han de ser aceptados como tutores por la civilización galáctica ya que antes del “Contacto” los humanos ya habían empezado a “elevar” a los delfines y los chimpancés. La civilización galáctica fue establecida por los míticos “Progenitores”, la primera raza tutora que desapareció hace billones de años, y dejó como legado la “Biblioteca Galáctica”, que es el pegamento que mantiene unida esta civilización a pesar de los múltiples conflictos que de vez en cuando surgen entre las diferentes razas.

El comentario sobre este mundo que voy a realizar a continuación se basa en mi reciente lectura de la primera trilogía de novelas que David Brin publicó en los 80. La razón de este comentario es la multitud de ideas filosóficas que se ven tratadas en estas obras (a mi juicio, a la ligera) y que tienen mucho que ver con ideologías en pleno apogeo en el momento que escribo, y que en los 80 aún no eran hegemónicas, aunque empezaban a serlo.

La primera de estas novelas es “Navegante solar” (1980), en la que una nave humana (diseñada por un neochimpancé) capaz de navegar por el Sol ha hecho un descubrimiento insólito: el Sol está habitado por una raza alienígena que ha pasado desapercibida para la Civilización Galáctica. No se encuentran registros en su “Biblioteca” y los humanos, con una nave de creación propia, van a demostrar que no necesitan de la sabiduría galáctica para sus conocimientos científicos.

Edición española de "Navegante solar".
Edición española de “Navegante solar”.

La acción de la novela se ubica unos 300 años después del fenómeno histórico conocido como “Contacto”, en el que los humanos se lanzan a la exploración espacial y se encuentran con la civilización galáctica. En esta época, la población humana de la Tierra y sus colonias, se encuentra dividida ideológicamente entre los seguidores del Darwinismo y los seguidores de las teorías de Erich Von Daniken (“historiador” austríaco que sostiene que los humanos han sido “enseñados” por extraterrestres). Algunos se preguntan si esta raza de solarianos pudo ser la que “elevó” a los humanos en tiempos remotos y después los dejó a su albur, hasta el punto de que los humanos no pueden recordarlo y se consideran a sí mismos como “autoelevados” por la selección natural. Eso es lo que piensa la mayoría de las principales razas tutoras de la Civilización Galáctica.

La segunda novela, “Marea estelar” (1983), se ubica unos 100 años después de la anterior. Una nave terrícola, capitaneada por neodelfines y con algunos humanos y un neochimpancé, hace un descubrimiento en una zona del espacio exterior que desencadenará una crisis político-religiosa en la Civilización Galáctica de proporciones gigantescas: una flota “muerta” de los Progenitores. La nave Streaker lanza un psico-mensaje a la Tierra con el descubrimento y una imagen del cadáver de un Progenitor. La Tierra responde con la orden de mantener el secreto y regresar inmediatamente, pero el mensaje es interceptado por varias razas tutoras y fanáticas religiosas que se lanzan a la busca y captura de la nave Streaker para conocer las coordenadas de la flota progenitora. La nave Streaker, dañada en una escaramuza con naves galácticas, se refugia en mundo marino de Kithrup, donde intenta reparar la nave mientras en los alrededores del planeta, las flotas alienígenas luchan entre sí por el derecho a capturar a la Streaker y sus secretos.

La tercera novela, “La rebelión de los pupilos” (1987), cuenta un episodio de la guerra que se desata por los descubrimientos de la Streaker. Una de las razas tutoras, los Gubru, que semejan a la familia de las aves, invaden la colonia terrícola de Garth, habitada básicamente por humanos y neochimpancés. Ante la imposibilidad de averiguar las coordenadas de la Streaker, los Gubru pretenden presionar al gobierno central de la Tierra invadiendo una de sus colonias, y sacarles a la fuerza la ubicación de la Streaker, y con ellas, sus secretos. No obstante, durante la invasión de Garth, los Gubru se dan cuenta de que el gobierno central terrícola tampoco sabe dónde está la Streaker, por lo que los invasores han de buscar otra justificación de su invasión. Esta ocasión se les presenta cuando en la embajada de los Timbrimi (una raza tutora aliada de los terrícolas) encuentran indicios de que Garth acoge a una especie pre-sapiente, lista para ser “elevada”, algo que justificaría los enormes gastos que los Gubru están sufriendo con esta invasión. Los humanos de Garth han sido encerrados en campos o están escondidos con el gobierno colonial en exilio, sin capacidad de movimiento. Pero un humano, Robert Oneagle, y la hija del embajador de Timbrimi, Athaclena, organizan un movimiento de partisanos en las montañas y bosques de Garth, con todos los neochimpancés que se escapan del control Gubru.

El astrofísico-filósofo-escritor norteamericano David Brin
El astrofísico-filósofo-escritor norteamericano David Brin

Hasta aquí el resumen argumental de las tres novelas. No doy más detalles del argumento por si algún lector que no las ha leído, decide hacerlo. Dejemos los spoilers para la Wikipedia. De todas maneras, lo importante no es la trama cuanto todas las ideologías que la rodean.

David Brin, astrofísico de carrera y doctorado en filosofía, es un perfecto ejemplo de lo que Gustavo Bueno ha denominado como “izquierda extravagante y divagante”. Una izquierda que prescinde del parámetro político, es decir, del Estado, para poner el énfasis en las reivindicaciones ecológicas y zoológicas, y sólo de pasada o como consecuencia de ello, se permite hacer consideraciones vagas sobre la democracia. De hecho, Brin es también conocido por criticar al mundo de ficción de “El Señor de los Anillos” y “Starwars” como adalides de la sociedad tradicional, el primero, y de la anti-democracia, el segundo.

En “Navegante solar”, Brin opone a los darwinistas y los danikenistas pero no parece que se decante por ninguno de ellos. No obstante, la acción de “Marea estelar” y “La rebelión de los pupilos” da a entender que Brin se decanta por Von Daniken, no sólo porque 100 años después de “Navegante solar”, son los danikenistas los que han ganado la partida -siendo los darwinistas poco más que una secta minoritaria- sino porque el descubrimiento de la flota progenitora por parte de los humanos, da a entender que fueron estos, en un pasado remotísimo, los que quizás dejaron a medio “elevar” a los humanos, por razones que sólo ellos supieron.

Ni qué decir tiene, que desde una perspectiva materialista, las teorías de Von Daniken son precisamente eso: ciencia-ficción; porque, de momento, no hay pruebas de la existencia de extraterrestres, y mucho menos de que estos nos visitaran hace miles de años, dando lugar a las pirámides en Egipto y Mesoamérica, etc. La teoría de Von Daniken es un delirio que David Brin asume porque “está convencido” de que existen los extraterrestres (de hecho, Brin es un ferviente defensor de los programas SETI-Arecibo, dirigidos por Carl Sagan).

Por otra parte, Brin es un ecologista militante y defensor de los derechos de los animales. Como muestra un botón: los neochimpancés de “La rebelión de los pupilos” tienen a Jane Goodall como principal “diosa” de su panteón, y el monte más alto del planeta Garth se llama “Monte Fossey”, por la primatóloga Diane Fossey (sí, la de “Gorilas en la niebla”). La perspectiva animalista y ecologista, se funde en la exclamación del Mayor Pratachulthorn, un humano anti-galáctico (de la minoría darwinista) que en un momento de la novela grita: “¡Por Darwin, Goodall y Greenpeace!”.

Sin embargo, las pretensiones de estos militantes son quiméricas y asumen la distinción metafísica “naturaleza/cultura” y la teoría de diferenciación entre animales y humanos por su “autoconciencia” y otras características autotéticas, como los sentimientos, la capacidad de comunicarse por medio de un lenguaje más o menos complejo, etc., algo que los delifines y simios estarían cerca de conseguir. Pero el problema, es que la diferencia entre humanos y animales no puede buscarse en características autotéticas, sino el hecho material y positivo de que son los simios y el resto de animales los que están en los zoológicos, metidos por los humanos, y no al revés; es decir, que en la lucha por la vida, los humanos podían más. Y punto.

Por otra parte, el narrador omnisciente de la novela de Brin hace constantes referencias a la humanidad “pre-Contacto” diciendo, por ejemplo, que estuvo a punto de auto-destruir la Tierra por no acogerse al ecologismo, que trataba al resto de las especies animales como “propiedad” suya, o que sus teorías científicas, a la luz de la Civilización Galáctica, eran poco menos que absurdas supersticiones religiosas.  Por supuesto, Brin tiene un problema muy gordo, y es que por mucha imaginación que le eche al asunto, no puede representar esa supuesta “ciencia alienígena” opuesta a la “ciencia humana pre-Contacto” porque la única que conoce Brin de verdad es esta última, la realmente existente. Por lo tanto, Brin sólo puede “decir” que hay una ciencia superior a la que conocemos, pero obviamente no puede decir en qué consiste porque “no existe”. Y es que la “imaginación creadora”, que tanto pondera Brin y que tanto ponderan los literatos y artistas en general, no es tal, pues la fantasía tiene unas reglas tan exactas y tan firmes como las de nuestro mundo. La “creación” es una idea metafísica, proveniente del cristianismo (que Brin hace desaparecer en sus novelas por efecto de la verdadera ciencia), y que no tiene sentido pues supone la “creación ex-nihilo”. Pero es que de la nada, no puede salir nada. Ese es un camino cerrado y por lo tanto, Brin está preso de lo que todos estamos: de la realidad que vivimos, la única que existe.

Las referencias y críticas de Brin hacia la “humanidad pre-Contacto” quieren ser críticas a nuestro mundo actual pero resultan torpes y maniqueas, no sólo porque Brin sea un escritor torpe (de hecho su prosa, por llamarlo de alguna manera, es un suplicio), sino porque con la excusa de la ciencia-ficción pretende advertirnos de lo que en realidad va a ocurrir de no seguir la “conciencia” ecológica o de no considerar al resto de los animales como nuestros iguales. Y he ahí el problema: que nadie puede adivinar el futuro y aquel que crea saber lo que va a pasar es simplemente un impostor; por eso detesto a los escritores de ciencia-ficción que hacen referencias al pasado humano (es decir, a nuestro mundo actual) diciendo lo mal que hacían la cosas. Falacia total. Esa es la trampa de Brin: que supone el resultado maravilloso del ecologismo y el animalismo para justificar su ideología real actual.

Su propio animalismo confirma una tesis de Gustavo Bueno sobre la reflluencia de la religión primaria en el mundo actual: la caída del Catolicismo propicia la adoración moderna por los animales, es decir, la vuelta a la religión primaria, en la que está inmerso Brin, pero también Fossey, Goodall y todos los miembros y simpatizantes de organizaciones como PETA o el Proyecto Gran Simio. Y el mundo de “Uplift” creado por David Brin no es sino un Proyecto Gran Simio con envoltorio de ciencia-ficción. En su mundo, la religión cristiana, y el resto de religiones, han desaparecido ante las evidencias de la “elevación” de la Civilización Galáctica. En las constantes críticas al pasado humano, se toca la “absurdez” de la guerra por cuestiones religiosas y sin embargo, en su tercera novela se narra una “guerra religiosa” provocada por cuestiones de “tutelaje y elevación” de especies sapientes. Tesis confirmada: el animalismo y ecologismo de Brin y otros, no es sino refluencia de religión primaria. (A continuación ver la conferencia de Íñigo Ongay sobre el Proyecto Gran Simio)

Brin está considerado como un clásico de la ciencia-ficción pero para mí es un auténtico fraude y su estilo narrativo, una auténtica tortura. Los personajes no se definen por lo que hacen sino que se supone que sabemos cómo son porque nos lo dice constantemente el narrador omnisciente. El mundo literario que levanta no se sostiene porque tiene que hacer que el narrador haga constantes referencias a nuestro mundo actual para describir su futuro-hipotético. Un buen escritor dejaría que la trama y los personajes fuesen describiendo ese futuro hipotético, ese mundo literario, que el lector iría poco a poco desentrañando, como hacen por ejemplo Frank Herbert en su saga “Dune” o Isaac Asimov en la saga de la “Fundación”, o como hace el gran Philip K.Dick en sus novelas.

Lo de Brin, más que ciencia-ficción, es ideología chunga y estilo literario de concurso de un instituto.

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